Desde los sucesos de El Ejido solo hay un camino para mejorar la imagen de Almería: cambiar la realidad
La miopía de los responsables del sector hortofrutícola almeriense amenaza con una situación ruinosa para todos los que vivimos de una u otra manera de la actividad agrícola en la provincia.
Su respuesta ante el reportaje aparecido en el diario The Guardian va a ser “realizar una campaña de imagen en los supermercados ingleses”.
Las campañas de imagen valen cuando se corresponden con la realidad. Cuando se pretende camuflar una realidad evidente, esas campañas se vuelven contra quien las hace.
Hace ahora 11 años, cuando sucedieron los tremendos sucesos de El Ejido, los responsables del sector, las administraciones públicas, los medios de comunicación,… todo el mundo reconocía que en Almería se vivía una situación social inaceptable y todos hicieron propósito de enmienda.
Dijeron que las medidas iban a ser buscar formulas para que los trabajadores agrícolas tuviesen viviendas o albergues con condiciones higiénicas y sanitarias aceptables. Garantizar unas condiciones de vida y trabajo reguladas y perseguir las contrataciones irregulares en condiciones de sobreexplotación.
De todo aquello, nada.
Todo ha empeorado. Una década después hay decenas de miles de nuevos trabajadores irregulares que viven en chabolas y cortijos abandonados y trabajan, en el mejor de los casos, dos o tres días por semana, y cuando lo hacen es por 3€ la hora, casi siempre.
Si todos reconocían hace once años que había un grave problema y no se ha hecho nada. Si han llegado decenas de miles de nuevos inmigrantes en situación irregular y están viviendo y trabajando aquí. ¿Cómo es que lo que necesita el sector es una campaña de imagen?
¿A quién quieren engañar?
Cuando no venga The Guardian, vendrá el New York Time, o Le Figaró, o … cualquier medio de comunicación que venga verá una realidad que da mucho que contar.
Cuando teníamos tramas organizadas de venta de productos fitosanitarios ilegales (que todo el mundo conocía) y nos detectaban residuos en los productos, también se acusó durante un tiempo a los “lobbis interesados” de querer arruinar el campo almeriense. El problema se acabó cuando se decidió cambiar la realidad del uso de los pesticidas en el campo. Ese fue el único camino eficaz.
Ahora quizás no tengamos tanto tiempo para reaccionar. A los consumidores a los que dirigimos los productos de Almería les repugna ver las condiciones de vida y trabajo que sufren miles (no son todos, pero son miles) de trabajadores en el campo almeriense. Que compren los productos de Almería u opten por productos de otros orígenes es una cuestión de “imagen”. Pero esa imagen, al menos en el caso del campo almeriense, ya no puede construirse sino cambiando la realidad que ya nadie puede ocultar.
Desde los sucesos de El Ejido no hay margen de maniobra para las respuestas cosméticas que ahora propone Hortyfruta. Esa política del avestruz nos lleva a la ruina.









