noviembre 2009


“Prisiones de plástico” en el campo de Almería

(Reportaje de la revista suiza Swissinfo.ch)

El fotógrafo suizo Christophe Chammartin convivió durante meses con los inmigrantes de la provincia andaluza. El resultado de esta experiencia es una exposición que presenta el día a día de estos trabajadores magrebíes y subsaharianos.

Exposición "Prisiones de Plastico" de Christophe Chammartin

(Para ver el reportaje fotografico completo pulsa aquí)

Chammartin es miembro de la agencia fotográfica suiza Rezo, galardonada durante dos años consecutivos en el prestigioso concurso Worldpress. De su trabajo sobre los agricultores de Almería dice: “Intento mostrar una realidad social que me interesa y que nos toca de cerca”. Entrevista.

¿Cuándo descubre la situación de los campos andaluces?

C.C.: Me enfrenté por primera vez a la realidad de los campos de trabajo de Almería en 2006. Desde que ví esos cultivos me sentí intrigado por el tema. Piense que es un ‘mar’ de plástico equivalente en tamaño a todo el cantón de Ginebra. Son unas 35.000 hectáreas en total.

El calor debe ser insoportable…

C.C.: En efecto. En los tres meses de verano de junio, julio y agosto no se trabaja. Pero igualmente las temperaturas pueden llegar a superar los 60 grados bajo los toldos de plástico. A ello se suma el olor de los pesticidas que generan serios problemas de las vías respiratorias.

¿Recibió ayudas para llevar a cabo este proyecto o se financió por sus propios medios?

C.C.: Es totalmente autofinanciado. La situación actual de la prensa nos obliga a financiar nuestras propias ideas, pues es cada vez más difícil encontrar diarios o revistas capaces de invertir en la realización de reportajes de envergadura. Es una situación cada vez más dura para los periodistas, incluso en Suiza. (risas)

¿Cuánto tiempo pasó usted en Andalucía?

C.C.: Realicé tres viajes. En total dos meses y medio.

¿Cómo fue su llegada a los campos de trabajo? ¿Fue bien aceptado por los inmigrantes?

C.C.: En general se me abrieron las puertas sin mayores problemas. Los trabajadores apreciaron el hecho de que yo no estuviera ‘de paso’ y que aceptara convivir con ellos en las mismas condiciones. Aunque lo cierto es que hablar español no me fue de gran utilidad a la hora de acercarme a ellos, pues la mayoría habla solamente árabe.

¿Vivía realmente con los inmigrantes?

C.C.: He vivido todas las situaciones posibles. Pero en el último viaje, al tener financiación de una revista suiza, me he permitido el lujo de vivir en un pequeño hotel de tres estrellas. (risas)

¿Tuvo problemas para tomar sus fotos?

Las personas más complicadas fueron los patrones españoles. En la medida de lo posible, he intentado evitarlos. Un elemento positivo es que yo no suelo ‘robar’ las fotos, lo que me facilita el trabajo.

¿Cómo es su vida, sueldo y condiciones de trabajo?

C.C.: El convenio colectivo está en 28 euros por jornada laboral. Pero raramente se les paga la integralidad de las sumas pactadas. Sólo una persona pagaba algo bastante correcto, del orden de 40 euros por día.

¿Porqué ir a buscar a España una realidad que existe también en Suiza?

C.C.: No soy ingenuo. Soy muy consciente de la realidad de los trabajadores clandestinos en Suiza y he realizado varios reportajes al respecto.

¿Alguna anécdota de su convivencia con los trabajadores inmigrantes?

C.C.: Me parece interesante la noción de la eterna espera. Esta gente vive el día a día, y si no ha encontrado trabajo para esa jornada, su día se hace eterno. Sin recursos económicos ni vida social, es muy duro. Los más emprendedores aprovechan a veces para ir a recoger caracoles que intentan vender luego a un euro el kilo. Pero no siempre lo consiguen…

¿Cuál es el mensaje que quiere transmitir con sus reportajes?

C.C: La idea de base es militante. Yo intento mostrar unas condiciones de vida y trabajo en una sociedad, la andaluza, que es bastante cerrada. En particular, hacia los marroquíes. Igualmente, intento que seamos conscientes del precio real de los alimentos que luego comemos en nuestra mesa familiar.

¿Cuál es la ruta que seguirá a partir de ahora su exposición?

C.C.: Irá a Montreal en mayo, en el marco de Anthropographia, un festival consagrado al fotoperiodismo y los derechos humanos. También viajará a Zúrich.

¿Cuáles son sus proyectos futuros?

C.C: Seguramente, volveré a España para ver cuál es la situación actual y completar mi trabajo. Tengo entendido que en los últimos meses las cosas han cambiado y ahora los españoles compiten con los africanos por estos puestos de trabajo.

Por otro lado, tengo un gran interés en continuar con un reportaje sobre la agricultura comunitaria en el marco de los grupos zapatistas de México. También me interesa mucho ver cómo los campesinos de Rumania y Bulgaria viven el tan deseado ingreso en la Unión Europea.

¿Algún comentario para terminar?

C.C.: Creo que lo más importante no son mis fotos o mi trabajo. Lo fundamental es comunicar lo que vive esta gente y hablar de su situación. Que sus condiciones de vida y trabajo sean conocidas por todos nosotros.

Entrevista swissinfo: Rodrigo Carrizo Couto

Acto de Solidaridad con Palestina

La franja de Gaza se encuentra en una situación extrema, aislada y con el agua racionada por Israel.

Activistas de Amnistía Internacional vienen el 26 de noviembre a explicarnos cuál es la situación y las campañas de solidaridad que ellos están llevando a cabo.

La charla estará precedida por una intervención de integrantes del Foro Social de Almería, que explicarán las actividades que se están preparando para este año.

Derribemos el muro de silencio (Acto de Solidaridad con Palestina)

Israel raciona el agua a la población palestina

El agua es un derecho humano

La población palestina de los Territorios Palestinos Ocupados (TPO) no tiene acceso a un suministro de agua adecuado y seguro. Esto ha entorpecido sobremanera el desarrollo social y económico de los TPO y negado a muchas comunidades su derecho a un nivel de vida digno. El consumo palestino de agua rara vez alcanza los 70 litros diarios por persona, muy por debajo del mínimo diario de 100 litros per cápita recomendado por la Organización Mundial de la Salud. En contraste, el consumo diario per cápita israelí es cuatro veces superior.

La desigualdad es aún más pronunciada entre las comunidades palestinas y los asentamientos israelíes ilegales establecidos en los TPO. Hay zonas de Cisjordania en las que los colonos israelíes utilizan hasta 20 veces más agua per cápita que sus vecinos palestinos.

En el informe “Israel/ OPT Troubled Waters: Palestinians denied fair access to water” se revela hasta qué punto el carácter discriminatorio de las políticas y prácticas hídricas de Israel niega a la población palestina su derecho al agua.

El impacto de la escasez de agua y los malos servicios de saneamiento de los TPO hacen mella en las comunidades más vulnerables, que son aquellas que viven en zonas rurales aisladas y en campos de refugiados superpoblados. Las comunidades rurales a las que no llega la red de suministro de agua dependen de la recogida de agua de lluvia para cubrir sus necesidades domésticas y agrícolas.

En Gaza, entre el 90 y el 95 por ciento del suministro de agua está contaminado y no es apto para el consumo humano. Israel no permite llevar agua desde Cisjordania, y el acuífero costero se va agotando cada vez más debido a la sobreexplotación y a la contaminación de las aguas residuales. El bloqueo impide las reparaciones y la reconstrucción de las maltrechas instalaciones de la franja de Gaza.

(Articulo aparecido en la Web de Amnistia Internacional España)

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